Muere la tarde a girones
sobre un cielo tan plomizo
que oscurece los instintos,
que oculta las emociones.
A lo lejos , la montaña,
hace un guiño a la luz blanca
y dibuja los perfiles
de otra tierra en lontananza.
Otra tierra que covija
otros seres, otras vidas,
historias, sueños, vivencias
Allá en las cumbres dormidas.
Las nubes negras anuncian
un torrente de aguas turbias;
el sol, tímido, al oeste,
dice adios mientras se oculta.
Una música cerc ana
habla de amores y olvidos,
de inviernos frios, que abrigan
la necesidad de unirnos.
Tengo tiempo para mí
y ahondo en mi pobre alma
para encontrar el sosiego,
para recobrar la calma.
Y la encuentro en el momento
que ahora grava en mis pupilas
la paleta de colores
que el atardecer me brinada.
El verde limpio del pino
el rojizo del poniente
grisáceo y plomizo el cielo
mientras yo me siento inerte.
Y disfruto a manos llenas
de tranquilidad latente
desterrando pensamientos
poco a poco de mi mente.
Me dejo llevar…y sueño
y vuelo, y vivo por siempre.